El tintineo de las llaves

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Elliot, el niño, se diferenciaba de los adultos en una cosa sorprendente; él no tenía miedo. Y al no tener miedo podía relacionarse con ¡un extraterrestre! Y no solo eso, tenía tan poco miedo que era capaz de crear un vínculo de cariño y afecto con él.

Pero de repente, se oía el tintineo de unas llaves, linternas… ¡eran los adultos! Estaban buscando a ET, le seguían la pista… Me aterrorizaban, porque ellos no iban a entender lo que cualquier niño Sí podía entender: la relación entre Elliot y ET.

Aquellos adultos estaban hambrientos de conocimiento, de respuestas, de ciencia… y como dijo Charles Chaplin en “El Gran Dictador”; – hemos aprendido a pensar pero hemos dejado de sentir -. Es decir, han avanzado a nivel científico pero no a nivel humano.

E igual que aquellos adultos, las instituciones de menores, la policía, los fiscales, los jueces, todo un ejército técnico-científico-psicológico-pedagógico-psiquiátrico-social-jurídico retiran tutelas, separan a madres (o abuelas) de sus niños… por putas, por presas, por “borrachas”, por hambrientas, por analfabetas, por miserables, por chabolistas, por ignorantes, por madres-niñas menores de edad, por deshauciadas… y las siguen el rastro, y las olfatean, y buscan, y buscan, y buscan a los niños, a las niñas para meterlos en el sistema de “protección” como los adultos buscaban a ET para meterlo en el sistema científico.

Y no oigo más que el tintineo de las llaves ¡Están buscando a Judas! Diría Juan Ramón Jiménez, están buscando a ET digo yo. Y hoy Judas, o ET, es el niño pobre, el sin papeles, el adolescente problemático… vamos muchachos esconderos, pasad desapercibidos, que ya están ahí, que ya se oye el tintineo de las llaves.