El sabio y el emperador

confucio

 

«Le pregunté por Jesús al lindo viejo,

y allí mismo me lo presentó,

cuando me alcanzó un espejo»

 

 El emperador hizo llamar al jefe de la guardia imperial;

– Quiero que me traigáis al hombre más sabio del imperio ante mí.

Los soldados entraron en casa del viejo anciano, le arrestaron y se lo llevaron por la fuerza ante el emperador. Y ante él le pusieron de rodillas.

– Dicen que eres el hombre más sabio del imperio. Pero no creo que seas más sabios que mis científicos, que dicen que en el cielo solo hay nubes y aire, y debajo de la tierra no hay ningún infierno, solo tierra y barro. Si eres más sabio que mis científicos dime dónde está el cielo y dónde el infierno

– Yo no le diré nada, pues es usted un hombre malvado, tiránico y soberbio

-¡¡Cómo!! ¡¡Cortarle la cabeza a este viejo!! ¡¡Quemar su casa!! ¡¡Violar y matar a sus nietas!!

– ¿Ha visto? He aquí el infierno

El emperador se quedó perplejo. Pensativo… hasta que entendió. Se dio cuenta de su crueldad y de la lección del anciano.

– Lo siento… me ha dado usted una gran lección. Perdóneme, he sido… soberbio, arrogante… lleven a este hombre a casa, trátenle bien… que no le falte de nada a su familia. Perdóneme…

– ¿Ha visto? He aquí el cielo

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