¡Pum Pum!

Colonia Milagro de la paz, en el departamento de San Miguel, conocida como la curruncha, donde Francisco Flores puso en marcha el plan mano dura para la zona de oriente del pais. foto: Oscar PayŽs

Carlitos mira a un lado, mira al otro, y al confirmar que ningún adulto nos mira me dice;

  • Al “Small boy” le dieron aquí

Con el dedo índice se apunta la frente, indicándome el lugar donde entró la bala

  • Y al “Night” le dieron aquí (señala otra parte de la cabeza), y la gente lloraba

Vuelve a mirar de lado a lado, y bajito me dice

  • La policía vino a casa, buscaban por todos lados, mi mamá me hacía así;

Carlitos se pone el dedo índice en los labios.

  • Y yo me porté muy bien, yo no dije nada, buscaban a mi tío, él es marero (pandillero), tiene todito el cuerpo tatuado.
  • ¿Tú viste al Small boy y al Night? – Le pregunto yo
  • La policía se los llevó detrás del muro y les mataron

Con la mano imita una pistola “¡pum, pum!”

Y sigue comiendo, mientras en mi cabeza se repite el “¡Pum pum!”, el “¡Pum pum!” de los niños jugando a policias y pandilleros, el “¡Pum pum!” de la policía, del ejercito, de los cuerpos de élite antipandillas… “¡Pum pum!” disparaba la guerrilla, los escuadrones de la muerte… “¡Pum pum!” es el latido de la Historia de El Salvador, “¡Pum pum!” juegan los niños a ser adultos “¡Pum pum!” juegan los adultos a ser niños, “¡Pum pum!” “¡Pum pum!” es el sonido de las balas convertidas en semillas.

El Secreto

el secreto

Sofía y yo fuimos al mismo cole, nos criamos en el mismo barrio. Ella había estudiado educación social, y me invitó un día a acompañarla a dar charlas en los institutos sobre sexualidad. Yo entraba con ella a las clases y me explicaba como hacer las cosas, como dirigirme a los chavales, como hablar, qué decir…

Me empecé a dar cuenta en seguida que trataba a los chicos muy malamente, con comentarios ofensivos, desprecios… aunque ella era la que me estaba enseñando, a mi no me salía tratar así a los chicos. No me gustó como hacia las cosas (sin yo tener ni idea de lo que era la educación social) y nos separamos. Y ahí quedó la cosa.

8 años más tarde me la encontré por el barrio, y la pregunté;

– ¿Qué tal como te va? ¿Qué tal la educación social?

– Buah!! Eso lo dejé, no lo soportaba, no aguantaba ese trabajo ni a los chavales, a mi lo que me gustaba era bailar, ahora soy profe de baile y doy clases aquí en una asociación del barrio, me encanta, estoy feliz.

Y era cierto, no solo daba clases de baile, sino que a sus alumnos los trataba con amabilidad y cariño.

Un día en una charla en la universidad un estudiante de educación social levantó la mano y me pidió que les diese un consejo, como preguntándome «¿Cuál es el secreto?»

Y yo les conté la historia de Sofía. Para luego decirles;

– Ser valientes como Sofía, hacer lo que os gusta, lo que os hace felices, porque sino acabaréis amargando la vida a los críos y a vosotros mismos.