Educación Social: cambio de profesión

profesion

Si eres educador o educadora social y te sientes amenazada, aterrada, coaccionada ante la extrema peligrosidad de los chavales. Si has denunciado a los chicos por agresión, intimidación… si te han agredido (como esa educadora de Rota que hizo el vídeo con el ojo morado), si además piensas que el problema es la falta de límites y que la culpa de la agresividad de los chavales la tienen los padres, las madres, las familias biológicas…
Yo, os animo, os aconsejo, que seáis valientes y deis el paso para cambiar vuestra intervención desde otra perspectiva;

1º Opositar para policía. Vais a poder imponer mucho mejor esos límites que decís que son el problema, vais a estar protegidos ante las agresiones, vais a tener armas que os darán seguridad

2º Opositar para jueces. Y ya desde aquí como sois jueces podréis juzgar abiertamente a las familias, a las madres, padres, a los chavales, a su violencia, su agresividad… haréis cumplir la Ley (el límite, la norma…)

3º Hacer el curso de vigilante de seguridad. Si ya desde los centros de menores se da a los educadores cursos de contención física, pues dar un paso más y ser vigilantes, vais a poder imponer mejor esos límites, con vuestras porras y vuestros conocimientos de contención vais a estar más protegidos…

4º Opositar para carceleros, perdón “funcionarios de prisiones”. Vais a poder gestionar mejor el centro o la cárcel y hacer cumplir la norma, el código de reglamento interno… esos límites.

Desde estas profesiones seguro que os vais a sentir mejor. Hay que estar dónde uno se siente a gusto, donde es consecuente con sus ideas y sus actos.
¡¡Ánimo!!

El conductismo

el conductismo

El educador del centro de menores de Hortaleza me dice;
– Ellos ya saben que si se portan mal no van a la piscina. ¿O que hacemos? ¿Se portan mal y encima les premiamos?
A lo que yo le contesto;
– Aah ¿Pero ir a la piscina no es una herramienta pedagógica?
El educador se queda callado mirando con extrañeza. Como preguntándose; “¿De qué coño está hablando este tío?”

Estos educadores usan la psicología conductista (premio-castigo) para modificar la conducta. A mi no me gusta aplicar estas técnicas (y de esa forma) en educación, me da la sensación que son más propias para la domesticación de animales. Pero aun así pongamos que usamos el conductismo; un premio sería usar la play station, las nike jordan, la tv, la hora de llegada, un objeto, un regalo… algo que les guste pero no sea importante ni educativo.

La actividad de ir a la piscina en grupo tiene que tener como objeto la integración, trabajar las relaciones sociales, acercarse al chaval, conocerle, evitar que esté en la calle consumiendo disolvente…

Aplicar el conductismo usando una actividad de integración y educación como moneda de cambio es un absurdo, que nos podría llevar a situaciones tan ilógicas como que; si al niño le gusta ir al cole y aprender le castigemos prohibiéndole estudiar.

Obligación vs. Disfrute

deficit-de-atencion (1)

Al chaval le apasionaba el boxeo. Pero los educadores del centro de menores decían que la actividad de boxeo con nosotros (Hortaleza Boxing Crew) era una especie de hobby, de premio, de chorrada, de pérdida de tiempo, de flipada… y lo que tenía que hacer el chaval es centrarse en su curso de “mecánica de no sé qué” para tener su salida laboral. Aunque al chaval no le gustase nada ese curso ni esa profesión de “mecánica de no sé qué”.

De los chavales que han pasado por el proyecto social de boxeo y que aprendieron con nosotros, tenemos a 4 que son ahora profes en gimnasios, 2 opositando para bomberos, uno trabajando en el Decathlon en la sección de fitness y boxeo, otro que hizo el grado superior de “Actividades Físico-Deportivas” y que ahora trabaja en un polideportivo…

¿Por qué nos asusta que los y las chavalas hagan lo que les gusta?

Si en realidad la fuerza del disfrute es mucho más potente que la de la obligación.

La caja de bombones

forrest

Hoy, había una chavala muy enfadada con otra.
Me decía: “es una puta, una zorra, es para darla dos hostias…”

Yo, intentando mediar en el conflicto, le he puesto un ejemplo:
– Imagínate que tienes una caja de bombones (y aquí se han reído de mi porque parecía Forrest Gump jajaja). Pero sigamos: imagínate que tienes una caja enorme de bombones muy variados, pruebas solo uno y como no te gusta ese que has probado tiras la caja al suelo y dices “¡¡esta caja es asquerosa, lo peor, no vale para nada!!!” Y la pisoteas. Pues eso es lo que hacemos muchas veces con las personas.
Solemos juzgar la totalidad de una persona por una pequeñísima parte.

El monstruo

el monstruo

“Es fácil matar a un monstruo, pero es muy difícil matar a un ser humano”
Esta frase en la película “Pena de Muerte” (1995) de un abogado que intenta parar la ejecución de un reo, y que dando el caso por perdido solo le queda mostrar al reo como un ser humano ante el jurado.
Porque en realidad no condenamos, ni castigamos, ni torturamos, ni matamos… a un ser humano, sino al monstruo que vemos en ese ser humano.
“Los dragones contra los que luchas están dentro de ti” decía un proverbio chino, y quiere decir exactamente eso, que al monstruo que queremos matar solo está en nuestra imaginación. Es una trampa. Un espejismo.
Pues el “monstruo” podrá ser la conducta, pero nunca la persona.

No me juzgues

no me juzges

Después de pegar al chaval, los policías registraron a lxs monis de boxeo, a mi me apartaron y pusieron las manos contra el coche patrulla.
El policía no paraba de gritarme: “sois unos mierdas!!! Yo estoy para defenderte!!!!! Asquerosos!!! Estás defendiendo a estos delincuentes!!!!! ”
Yo no decía nada. Y mi silencio parecía desconcertarle y cabrearle más.
Así estuvimos un rato. Ellos regañandome como a un niño pequeño y yo callado.
Pero en esa bronca una frase se repetía:
“no me juzgues”, “me estás juzgando”, “¿crees que me gusta hacer esto?”, “yo también colaboro con ONGs”, “no me juzgues”, “crees que me gusta ver a estos niños medio muertos inhalando pegamento???”, “no me juzgues”…
Pero yo no estaba juzgando a nadie, solo estaba callado.
Era como si mi silencio les incomodase.
Como si en el fondo se avergonzasen de lo que estaban haciendo.
Como si quisiesen que yo saltase: les gritase, les respondiesen… para poder justificarse, para poder tener un motivo.