No me juzgues

no me juzges

Después de pegar al chaval, los policías registraron a lxs monis de boxeo, a mi me apartaron y pusieron las manos contra el coche patrulla.
El policía no paraba de gritarme: «sois unos mierdas!!! Yo estoy para defenderte!!!!! Asquerosos!!! Estás defendiendo a estos delincuentes!!!!! »
Yo no decía nada. Y mi silencio parecía desconcertarle y cabrearle más.
Así estuvimos un rato. Ellos regañandome como a un niño pequeño y yo callado.
Pero en esa bronca una frase se repetía:
«no me juzgues», «me estás juzgando», «¿crees que me gusta hacer esto?», «yo también colaboro con ONGs», «no me juzgues», «crees que me gusta ver a estos niños medio muertos inhalando pegamento???», «no me juzgues»…
Pero yo no estaba juzgando a nadie, solo estaba callado.
Era como si mi silencio les incomodase.
Como si en el fondo se avergonzasen de lo que estaban haciendo.
Como si quisiesen que yo saltase: les gritase, les respondiesen… para poder justificarse, para poder tener un motivo.

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