“No se enfade señor McMurphy”

no se enfade

Recuerdo una conversación telefónica con una psicóloga que me negaba ver al chaval en el centro de menores y yo le leía el artículo de la ley de enjuiciamiento penal del menor que me daba el derecho a las visitas y me cortaba diciendo;
– No se ponga usted nervioso.

(Exactamente igual que esta escena; https://www.youtube.com/watch?v=vxf8is27774, cuando la enfermera le dice; “No se enfade señor McMurphy”)

Yo me quedaba a “cuadros”, pues yo no estaba nervioso. Pero como una paradoja al decírmelo me empezaba a alterar.

Anchy Kalledoce y Javi Avila Navas me comentaba de una psicóloga extremadamente perversa pero que sin embargo en su despacho colgaba una imagen y una frase de Buda.

Si hablas con cualquier madre o padre que le acaba de retirar la tutela de sus hijos les verás “como locos”, idos, agresivos, desesperadas, con ansiedad… y a la trabajadora social que ha dado la orden tranquila, relajada, serena…

¿Se puede ser pacífico y a la vez violento? La respuesta es contundente; SÍ.

En esta escena de la película “Alguien voló sobre el nido del cuco” podemos ver esta técnica psicológica muy utilizada en las profesiones de lo social y en la Institución; formas pacíficas al hablar, los buenos modales, la tranquilidad, (incluso la imagen de hippie o alternativo)… y de fondo la coacción, el chantaje, el sometimiento, la humillación al otro, a la otra, el abuso de poder…
Como una especie de provocación para que el otro, la otra, explote y poder decir; “veis como esta loc@”.

“Yo no hablo”

2017 12 charla barcelona

  • Yo no hablo Julio, no no no, a mi no me jodas
  • Pero que no pasa nada hombre jaja
  • ¡Te juro que me voy! Pero me voy ahora mismo ¡¡yo no hablo ni de coña!! Pero ni de coña. Que no, que no… me voy… a mi pídeme lo que quieras menos eso, yo si quieres me doy de hostias por ti, pero eso de hablar en público ni de coña

Presionar es bloquear. Y yo sé que Juanjo va a acabar hablando. Así que simplemente le tranquilizo;

  • Vale vale, tú no hablas, te lo prometo. Pero si te pondrás a mi lado ¿no?
  • Bueno, eso sí

Juanjo se sienta a mi lado en la charla. Tienes 26 años y lleva en temas de barrio y asociaciones desde los 12. Es monitor de boxeo en el proyecto, sabe mucho de chavales, del barrio, de los niños de la calle…

A mitad de charla, cuando ya estamos en el debate, una mujer dice (refiriéndose a nosotros);

  • Bueno, vosotros sois educadores sociales, vivís de esto, tenéis intereses…

Juanjo, que está a mi lado se empieza a “calentar”, a poner inquieto, observo cómo se va moviendo en la silla, se está cabreando. Me dice al oído;

  • Pero qué coño educador, pero que dice esta mujer, pero si yo soy un obrero…

Yo, que conozco a Juanjo se que va a reventar de un momento a otro. Y eso me alegra, porque yo quería que hablase y sé que no va a aguantar lo de estar callado.

Educadoras de centro y servicios sociales comienzan a dar su opinión;

  • En los centros los niños pegan a los educadores
  • No van a los centros porque no quieren, prefieren la calle
  • Son muy agresivos…
  • Hay que contenerles…

Cada vez Juanjo se retuerce más en su silla, a mi me hace gracia, se perfectamente que va a explotar, por eso no le presioné para que hablase, porque sabía que esto iba a pasar, estoy tan seguro de ello que solo me falta hacer la cuenta atrás; 5, 4, 3, 2…

Las educadoras siguen;

  • El boxeo puede fomentar la violencia
  • Vosotros como educadores

Hasta que llega un momento que Juanjo explota;

  • ¡¡¡Pero qué coño educadores ni psicologías ni na!!! Yo soy obrero ¡¡cavo zanjas!!

Con el “¡¡Cavo zanjas!!” ya me estoy meando de la risa, no de él, ni muchísimo menos, sino de la cara de asombro de las educadoras.

  • Los psicólogos de los cojones, a mi me han vuelto loco, me han destrozado la vida. Que cojones que los niños de la calle no quieren ir al centro si yo he estado con ellos y no nos abren la puerta y nos mandan a tomar por culo los educadores esos. ¿Qué los niños son agresivos? A mí en la vida me han agredido….

Y en una especie de “Sunami” verbal y expresándose muy bien Juanjo empieza a hablar y a hablar… a desahogarse de los educadores, psicólogos, centros de menores… a ponerlos a parir…

Juanjo se ha saltado el turno de palabra, pero nadie se atreve a interrumpirle, están todos y todas expectantes, guardan un silencio total, nadie comenta nada, solo le miran, le escuchan atentamente…

Que importante es dar la palabra a la chavalada, a las madres, a las familias, a las vecinas…

Y que por un momento los “expertos” se callen.

 

La madre

mirilla

Llamé a la puerta. La mujer se asomó por la ventana y me observó desconfiada.

Abrió y yo me expliqué;

  • Hola María, ¿Qué tal? Soy Julio, el entrador de boxeo ¡por fin nos conocemos!
  • Aaah hola, sí, mis hijas me han hablado mucho de ti.
  • Mira yo estoy encantado con ellas, ya sabes que como son tan pequeñas no pueden entrenar, así que cuando nos visitan al local mientras los demás boxean a ellas las ponemos a hacer actividades; juegan, pintan, saltan en las colchonetas… a veces viene una chica para hacer actividades con ellas. Yo la verdad es que estoy encantado, y quiero que estén con nosotros. Pero hoy… se me ha ido de las manos jaja la chica que nos ayuda hoy no está, no me hacen caso, están tirándolo todo… hoy están tremendas. Yo se que a ti te respetan y seguro que nos puedes ayudar un poco, para poder dar la clase.

Sé que la madre puede sentirse atacada, todos la llaman (cole, vecinos…) cabreados para decirle lo malas que son sus hijas, y lo mala que es ella como madre. Sin embargo al ver que yo no estoy buscando culpables ni quiero regañar a nadie sino que la estoy pidiendo ayuda, demando su participación; “ayúdame, estoy desbordado”, ella cambia su actitud, de estar a la defensiva (“vienen a atacarme”) a una actitud de colaboración (“me piden ayuda porque yo soy importante en este asunto”);

  • Claro Julio, ahora mismo bajo y hablo con ellas.
  • Gracias, gracias María, te necesitamos, nos salvas jaja

Al rato María bajó al local, y se las quería llevar. Yo la frené;

  • No no María, no te he llamado para que las eches, sino para que me ayudes.

La madre se quedó un poco desconcertada. Tal vez por la costumbre de ella y sus hijas de “ser echadas”, “de ser molestas”, “de sobrar”… pero entendió lo que la estaba pidiendo.

Así, haciendo exactamente lo contrario a la exclusión (la inclusión) la madre se quedó un rato y nos ayudó, y las niñas se quedaron jugando, haciendo cosas, pero dejándonos dar la clase de boxeo.

El Producto

El producto

  • Julio, yo no sé casi escribir, y el niño tiene que escribir una carta a su madrina de Miami. Mi hijo está apadrinado, la ONG nos ayuda con los gastos del colegio. Y nos piden que todos los años le escribamos una carta a la madrina.
  • Aaaah vale ¿Y qué tiene que decir?
  • Darles las gracias, contarle qué ha hecho durante el año, pero sobre todo darle las gracias. Los de la ONG nos dicen cómo hacerlo, tiene que ser así;

La madre me enseña una carta. La leo.

  • Katy… esta carta se nota que no la ha escrito un niño de 8 años, es demasiado cursi, demasiado formal, no es natural. Marvin no se expresa así, además él no tiene ese nivel de escritura, no es real. Yo creo que Marvin tiene que ser él mismo, hablar y expresarse con naturalidad. Yo le puedo ayudar, pero mejor que Marvin se exprese como es él. Y yo le ayudo a poner una estructura, un orden, pero mejor que sea natural. Y así aprende. Lo otro sería un dictado para escribir cosas que no comprende. ¿No?
  • Bueno…

Voy a hablar con Marvin. Le explico lo de la carta y le tanteo a ver si lo entiende.

Marvin, ha interiorizado (como muchas niñas y niños salvadoreños) que tiene que dar las gracias a los españoles, a los norteamericanos, a los ingleses… por ir al cole, por comer, por vestir, por jugar, por beber… tiene que darles las gracias hasta por respirar a esos señores.

Es curioso, porque nunca da “gracias” a su madre, que es quien carga con el peso de la pobreza, de la miseria, de la explotación, de la violencia de género, de la discriminación… las medallas nunca son para ella.

Nos ponemos a escribir la carta, le ayudo. Aprovecho y le enseño lengua, gramática, formas de expresarse… y acaba escribiendo una carta muy chula.

Se la damos orgullosos a la madre. La lee.

  • Julio… la ONG no la va a aceptar, quiere que la carta diga esto, tenga esta estructura.
  • Katy, entonces la ONG no quiere que la carta la escriba un niño de 8 años, quiere que la escribamos nosotros.
  • Julio tenemos que repetirla.

Nos ponemos los tres para escribir la carta. Pero el niño ya quiere irse a jugar. No entiende por qué tanta parafernalia.

La madre comienza a dictarle lo que tiene que poner, según el formato de la ONG.

El niño ya no entiende lo que escribe, se equivoca, comete faltas. La madre le hace rectificar. El chiquillo está cansado, la madre le dicta. La redacción se alarga, se va haciendo de noche, Marvin tiene sueño. El crío se cabrea, llora, la madre se enfada también, porque está agobiada; mañana tiene que estar la carta y tiene que tener la letra del niño.

Si la carta no está, puede que le quiten la ayuda. Porque el padrino, la madrina, ha comprado un producto; la carta del niño, el dibujito. Ha pagado su cuota y ahora el niño tiene que fabricar el producto.

La Vane

la vane 3

El primer día en casa, la Vane, fugada de un centro de menores, antes de ducharse (llevaba varios días en la calle sin hacerlo) en su cuarto empieza a desnudarse. Mi novia le dice;
– Pero Vane cierra la puerta jaja que se te va a ver todo.
– Ahhh perdona… es que en el centro… en el centro no podemos cerrar las puertas, tenemos que hacerlo todo con la puerta abierta para que nos vea el educador lo que hacemos.
– Ya pero aquí no te preocupes. Anda cierra la puerta, es tu cuarto.

Antes de ayer en la Universidad, hablando sobre cárceles de niños y adultos, intenté hablar poco, para que los que han sufrido la cárcel tuviesen más tiempo de hablar. Y así se me pasó contar esta anécdota, para mostrar, como decía Marco (encerrado dos años en un centro de reforma de menores) hasta qué punto se convierten los chavales en autómatas.
Marco. Nos explicaba antes de ayer que en un centro de menores (reforma o terapéuticos sobre todo) está todo regulado, sobre todo en las primeras fases de vigilancia. El individuo (en este caso el/la adolescente) es completamente anulado, despojado de toda iniciativa, de toda voluntad, de toda intimidad…

Una chica que se ha acostumbrado a desnudarse y vestirse delante de alguien que le observa, a no tener objetos personales, a ser intervenido su correo, su diario, a ser observada y escuchada en sus vis a vis, a ser encerrada en una celda de aislamiento con un espejo desde donde te observan al otro lado… el objetivo no es la rehabilitación (como decía antes de ayer Javi Avila Navas), sino su destrucción. Su anulación. Volverla loca.