El niño de la marquesa

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Maribel es auxiliar de enfermería.
Trabaja en un hospital privado. Al principio de la pandemia el hospital deriva a los enfermos por Covid a la pública. Hasta que les dan la orden de atenderles si o si.
Se llenan las plantas, se desbordan de trabajo. Aún así siguen haciendo operaciones de cirugía estética.
Las tetas, rinoplastia, lipos… dan dinero, una pandemia no.
El mercado manda.

Maribel está embarazada de 4 meses. Trabaja sin material suficiente para garantizar su seguridad. Sus compañeras van cayendo. Pide la baja por el riesgo de contagio que ve en su hospital.
– Estar embarazada no es una enfermedad.
Le contesta su doctora de cabecera.
– Tu seguridad te la tiene que garantizar «prevención de riesgos laborales» de tu empresa no yo.
No le da la baja.
– Todo está bien – le dice «prevención de riesgos laborales» de su empresa.

A los días de seguir trabajando a destajo, sin baja, sin medios, se siente mal, no tiene olfato, ni gusto, dolores de cabeza…
Pide que le hagan la prueba de Covid. El hospital se niega. No quiere.
Maribel trabaja en maternidad, manipula bebés, tiene contacto con las madres «¿Y si les estoy contagiando?» Se pregunta.
Maribel entra en cólera y protesta, no ya por ella sino por las pacientes.
Acaban cediendo y le hacen las pruebas.
Da positivo.

Le mandan a casa, le dan la baja. En casa cada vez se encuentra peor, se junta el covid con las náuseas y vómitos del embarazo.
Acaba en urgencias con dificultad al respirar. Después de varias pruebas le mandan a casa. Aislamiento total.
Pasan varias semanas, mejora, lo supera, da negativo y vuelve al trabajo.

Transcurren los días, su contrato se acaba.
Las residencias y hospitales privados hacen contratos eventuales de 6 meses, cuando la ley les obliga a hacerles fijos no les renuevan y llaman a otros, a otras. Las trabajadoras van así de hospital en hospital, de residencia de ancianos en residencia de ancianos… cómo en «Las Uvas de la Ira» de John Steinbeck iban los campesinos de Estado en Estado, de granja en granja, de finca en finca… sin un lugar-hogar fijo.
Su contrato se le acaba ¿Quién va a renovar a una embarazada de 6 meses?
El mercado manda.

No la renuevan. No hay baja por maternidad, no le queda paro (no ha pasado un año desde que empezó). Lleva 5 años de contrato eventual en contrato eventual, de hospital en hospital, de residencia de ancianos en residencia de ancianos… sin lugar, como esos campesinos de «Las Uvas de la Ira».

Mientras se acaricia la barriga y se visualiza a ella misma en la calle, oye los aplausos de las 8. Son para ella, y su bebé, que le ha acompañado durante toda la pandemia.

Se entera por la TV que el premio Princesa de Austrias también es para ella.
¿Se lo dará la Princesa? ¿Se los dará una niña?
Una niña… como ese niño de «Los Santos Inocentes» de Miguel Delibes, la marquesa le da monedas, y el niño, aburrido y hastiado de aquel ritual de adultos que no entiende, va dandoselas de uno a uno a los campesinos que esperan en fila su paga de navidad. Mientras uno a uno agachan la cabeza y dicen «gracias señorito».

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