El reconocimiento social y el enemigo-espejo

El chaval encuentra en la violencia el reconocimiento social. Hay una sociedad-comunidad que no me pregunta, no me escucha, me ignora, no existo, soy invisible, me humilla, me aparta.

Antes de ser violento he sido violentado.

A través de la violencia dejo de ser invisible, doy la vuelta a la situación de humillación (ahora no me humillas más), encuentro respeto en mi propia comunidad (documental “Buscando Respeto”) y la sociedad (medios de comunicación, sobre todo) me reconocen.

Hablan de mi si mato, no si soy o existo.

Pero para encontrar ese reconocimiento necesito demostrar mi grado de dureza ¿Cómo? Con el «enemigo-espejo», un enemigo en el cual mirarme, evaluarme, con el cual demostrar dicha dureza. En el juego de ataco-atacas (o me defiendo – te defiendes, según la interpretación) los miembros vamos escalando posiciones, prestigio, “medallas” (la cárcel y la muerte son medallas), que me dan ese reconocimiento.

Cuando un chaval entra en este “juego” (la pandilla puede entrar en este «juego» o no, la pandilla es mucho más que este «juego») es porque su comunidad (sociedad, colegio, instituto, medios de comunicación, estructura social…) ha fracasado como organismo sano.

Si nos fijamos en cómo tratan los medios de comunicación el tema de “las bandas” (organizaciones-familias de chavales) vemos que se nos presentan dos mundos:

– El del periodista (“nuestro mundo”) un mundo que funciona bien, que es correcto, bueno, justo. Desde mi situación de privilegio no percibo un mundo injusto.

– El mundo de la pandilla: un grupo social que funciona mal y rompe el buen funcionamiento de mi mundo.

Se nos presentan dos mundos inconexos, que no están unidos, que no tienen nada que ver, como si los chavales viniesen de Marte.

Por lo que nos lleva a una sola conclusión: solo cabe la inclusión del grupo que funciona mal en el que funciona bien o su eliminación.

Como nuestro mundo es bueno, y el otro lo rompe, surge la teoría de la psicopatía. Yo soy bueno y el otro es malo.

También en la Universidad y estudios de integración social se suele plantear la situación así. De ahí la palabra: integrar.

Las profesiones de lo social integrarán.

Las profesiones de contención (policía, fiscalía, juez) eliminarán.

Serán lo que Luca Queirolo llama en su libro “¿Cómo se construye un enemigo público?” la mano derecha del Estado (policía) y la mano izquierda del Estado (integración social).

Las teorías de Paulo Freire rompen con el concepto que damos por obvio: “nuestro mundo funciona bien, es correcto, bueno, justo”.

De ahí que cambiemos la mirada, no se trata de integrar, sino de liberar, no se trata de un inadaptado, sino de un oprimido, no se trata de que cambie el otro, la otra, sino que cambien las estructuras sociales que generan el problema.

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