El dedo del monstruo

A la niña se le resbala un moco gelatinoso hasta la boca, juega con mi hijo en la arena del parque, con los moldes hacemos un conejo, una tortuga, una torre.

Después de un rato jugando, mi pareja la pregunta;

– ¿Y tu mamá?

La niña no hace caso, como si no entendiese eso de “mamá”. Miramos alrededor, parece que la niña está sola. Es raro porque todos los niños suelen estar limpios, sin mocos, atendidos.

Mi hijo se aburre de la arena, quiere la pelota. Jugamos.

En la caseta de colores hay un niño quieto, de un año y algunos meses. No juega, no se mueve, no busca, no observa, está ausente.

“La depresión en los bebés se puede detectar por la ausencia de curiosidad, de interés” decía la psicóloga en la entrevista de los Sonidos de mi Barrio.

Mi hijo, curioso, con interés, se acerca al niño quito. Pero este no reacciona. Mi hijo se va, y el niño quieto se queda en la caseta, mirando la madera, solo, apagado, mientras los demás se mueven o juegan.

Una niña se tira al suelo y comienza una rabieta muy fuerte, grita fuera de sí.

Mi hijo nunca ha visto una rabieta así. Se sorprende. La señala y comienza a hacer pucheros asustado.

– No hijo no, no pasa nada ahora se pone bien – le dice mi pareja mientras le acaricia.

Nadie atiende a la niña.

Hay una mujer mirando el móvil en el banco del parque. Tiene sobre el banco unas 7 botellitas de agua. Se levanta indiferente, fría. Se acerca a la niña. Mi pareja le está hablando a la pequeña.

– Nada, es otra rabieta – Dice la mujer.

La agarra con fuerza del brazo y la sienta de un golpe en un carrito, la ata. La niña sigue gritando. La mujer se sienta y vuelve a mirar el móvil, indiferente, fría.

A la vuelta a casa. Mi pareja y yo vamos callados mientras empujamos el carrito del niño, que también va callado. Como asimilando lo que ha pasado, lo que hemos visto. Digiriéndolo.

No se me quita la imagen de la “educadora” o mujer-institución, la frialdad en el trato a la niña, casi una bebé, como si fuese una no-niña, una cosa.

Si los trabajadores del centro de menores del barrio se comportan así en público ¿Qué no harán en privado? Es como si el maltratador, de tener tanta impunidad, tanto poder, que le diese igual maltratar en público, ante los ojos de todos.

Esta infancia, la infancia tutelada, la secuestrada de sus madres, la psiquiatrizada, la intervenida, la encerrada, está siempre oculta al barrio entre los muros y edificios del centro de menores, donde un vigilante de seguridad ronda a veces las puertas, no sea que un niño sea agresivo, no sea que venga una madre a por su hijo, no sea que el hijo salga a por su madre… pero a veces, en esas salidas, escuetas, cortas, podemos los vecinos ver la punta del iceberg de lo que hay ahí dentro. Como el que ve la punta del dedo de un monstruo y se imagina su tamaño.

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