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“Buenista”. La presión social para ser malo

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En la cultura de chavalada donde me críe “ser bueno” era sinónimo de ser gilipollas, pringao, tolai, débil… y ser un “hijo puta” era sinónimo de ser fuerte, superviviente, listo, inteligente…

Era la ley del más duro, del más agresivo. El fuerte machacando al débil. (Así empieza “Decimocuarto Asalto”).

En el bulling el acosado era el pringado, y el acosador el ganador, el fuerte, el líder de la manada.

Sentías la presión social de estar entre la espada y la pared, con dos únicas opciones; o acosado o acosador, o pegar o que te peguen, o insultar o que te insulten, o vacilar o que te vacilen.

Incluso existía el ataque preventivo; “ataco a este pringao antes que se haga líder, pues si se hace líder él me machacará a mí”, es la guerra de todos contra todos, el “no te fíes ni de tu padre, el “la gente es mala”, el “sentimientos = debilidad”.

Yo lo pasé realmente mal, era una presión social y psicológica, la presión de ir contra natura, querías una cosa (ser bueno) pero tenías que hacer la contraria (ser malo) ¡¡hasta escuchar música romántica era un acto de debilidad!! (Eso se hacía a escondidas). Era un esfuerzo agotador. Esfuerzo para no sentir, para ser inmune a los sentimientos.

Porque eso era lo que se esperaba de nosotros; ser malo era un valor cotizado y preciado.

Soy muy consciente de que algunos de mis chavales y chavalas en los proyectos sociales llevan el peso de esta mochila. Y trabajo para quitársela.

Cuando oigo ahora a personas adultas usar el término “buenista”, “buenrollista”… en tono despectivo, como queriéndonos decir que “ser bueno, solidario o justo es ser gilipollas” vuelvo al pasado, a mi adolescencia, y vuelvo a un conflicto interior al que ya me vi sometido y que ya superé hace tiempo, y que me causó mucho dolor y mucho sufrimiento.

Y es que con términos como “buenista” estamos hablando del Bulling en la sociedad adulta (que existe; migración, género, pobreza…).

La chavalada usa “pringao” y los adultos “buenista”, distintas palabras para referirse al mismo concepto.

Un chaval es agresor porque entiende que ser malo es un valor. Yo lo entendía así.

Hablar de “buenistas” en tono despectivo es reforzar ese valor, es confundirles más de lo que ya están.

No podemos tratar el bulling de los niños y niñas si ni siquiera somos capaces de tratar el nuestro.

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Carmen y Lola

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Al llegar al entrenamiento nos encontramos el local (donde entrenamos boxeo) lleno de gente; cámaras, vestuario, focos, gente entrando, saliendo, con walkis… Pregunté qué estaba pasando y me dijeron que estaban grabando una película.

Llamé a la asociación y me dijeron que habían alquilado el local a una productora o algo así. Yo me cabree, porque me vi en la calle con los chavalillos y porque nadie me había avisado y porque supuse que sería otra película de delincuencia donde la marginación como siempre es vendida como un producto televisivo de consumo y entretenimiento.

Así que con mala cara entramos en el local, cogimos guantes, manoplas y más material y nos fuimos a entrenar a la plaza de la UVA.
Los chavales, alucinados con todo el despliegue de cámaras venían corriendo y me decían;
– ¡¡Dicen que están grabando una peli de gitanos!!

Y así quedó la cosa, entrenamos en aquel día de junio en la plaza y ahí acabó todo.
Cuando ayer fui a ver la peli de “Carmen y Lola” me quedé en shock, primero porque empiezo a ver nuestro barrio, a vecinos, y después porque en una toma de el poblado aparecemos a lo lejos entrenando boxeo en la plaza ¡¡aquel día que nos echaron del local!!

Si aquel día me cabree hoy tengo que decir que estoy súper contento y emocionado de haber salido en esta película. Me ha parecido una maravilla; emotiva, sensible, y que en muchos aspectos hemos vivido en la realidad; los evangélicos, el conflicto en las familias, la educadora que se lleva a dos menores a su casa, el apoyo escolar, la asociación mediando entre familias, el machismo, la homofobia, los procesos de las chavalas… Me ha encantado.

La puerta sin pomo

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Cómo controlar un ataque de pánico:
La tercera puerta por la que Atreyu tiene que pasar para llegar a Uyulala en “La Historia Interminable” es una puerta sin pomo, sin cerradura. Su mecanismo es sencillo; cuanto más deseas entrar más se cierra, más se agarrota, más se bloquea. Cuanto menos deseas entrar más se destensa, más se desbloquea, y más se va abriendo.

Cuanto más intentas controlar la crisis de pánico más angustia te genera (lo que resiste persiste). Cuanto más pasas de la crisis más baja la angustia.
Es un ejercicio psicológico. Difícil y fácil al mismo tiempo.

Cuando la Emperatriz Infantil elige para salvar al reino de Fantasía a un niño; Atreyu, todo el mundo se sorprende. Esperaban un guerrero fuerte, grande… y no un crío.
Y es que lo que no entendían es que las pruebas que tenía que pasar un guerrero o guerrera de verdad, iban mucho más allá de la fuerza física, externa, o aparente.
Un guerrero o guerrera de verdad, se enfrenta a sí mism@. Y esto es mucho más difícil que enfrentarte a los demás.

Hijo de tod@s, hijo de nadie

hijo de todos
– ¡Despidete de tus padres y hermanos!
– No tengo – replicó Atreyu -. A mis padres los mató un búfalo, poco después de venir yo al mundo.
– ¿Y quién te crió?
– Todas las mujeres y todos los hombres juntos. Por eso me llaman Atreyu, que quiere decir “hijo de todos”.
 
“La Historia Interminable”.
 
Michael Ende, el autor de esta novela, hace una comparativa entre Atreyu y el otro niño que le lee; Bastián, el cual ha quedado huérfano de madre y siente que no le importa a nadie; ni profesores, ni vecinos, ni familiares, donde hasta el colegio se le presenta como cárcel insoportable… se siente “hijo de nadie”, todo lo contrario a Atreyu.
 
El autor hace así una comparativa entre la cultura primitiva y la moderna, esta última fría y desnaturalizada, donde la infancia no tiene cabida.

Agazapado

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El monstruo de Frankenstein se esconde de la sociedad en un cuchitril, desde donde por una rendija observa la vida de una familia feliz; el hogar, el amor, el afecto… Todo es nuevo para él, todo aquel amor, aquel hogar lo aprecia y lo desea y lo quiere para él.
Pero no puede ser. Es un monstruo.
Hay una escena exactamente igual a esta en la novela “Camina o Revienta”; el Lute, escondido, en “busca y captura”, perseguido, oculto en la noche, sobreviviendo como un animal, como una bestia… Observa en la oscuridad de la noche una casa, un hogar feliz, y se da cuenta del amor, el afecto, el cariño (emociones que a él se le niegan por ser un monstruo horrible y repugnante).
¿Quién sabe si los niños y chicos de la calle que viven en nuestro barrio no nos observan por la noche? Viendo ese mundo que se les niega. A través de la ventana, agazapados, escondidos, como ese monstruo deforme, feo, horrible de Frankenstein.

Autogestión

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Nos dicen que dar comida a los chicos que viven en la calle es caridad, asistencialismo, y que son ellos los que deben autogestionarse para no depender de nadie. Ni de los centros, ni de nosotras.

Aquí la gente parte del hecho que los niños y chicos de la calle no se autogestionan ¿Te imaginas vivir en la calle sin nada y no autogestionarse? ¿Cómo sobrevives?

Muchas veces los chicos han estado en pisos abandonados, se organizan para conseguir comida, ropa, colchones, mantas… y lo hacen en grupo. Sobrevivir solo en la calle es dificilísimo, en grupo es más fácil.

Es curioso, porque parece que a nuestra organización la llamamos “autogestión”, y a la suya “vandalismo, pandillas, bandas, maras…”

Respecto a la caridad y el asistencialismo; imagínate que estás dando de cenar a tu hijo de 11 años, y yo te digo que “eso es caridad, tu hijo se tiene que autogestionar”.

¿Por qué lo que es un derecho para nuestros hijos e hijas es caridad para los niños de la calle?

Diccionario técnico

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Si la familia biológica no informa de la situación del niño es “obstrucción a la justicia”.

Si es el Sistema de Protección de Menores quien no informa es “Protección de Datos, protección del menor”.

Si el niño, niña acusa a su familia biológica, nos dicen; “los niños nunca mienten”.

Si acusa al centro de menores; “los niños siempre mienten”.

En la familia biológica se da el “desamparo”.

En la Institución el “desbordamiento, la avalancha, el efecto embudo…”

Si no hay amor en la familia biológica es “desprotección”.

Si no lo hay en la Institución es “distanciamiento psicológico óptimo del profesional”.

La familia biológica pega “palizas”.

La Institución hace “contenciones”.

La familia biológica “chantajea, coacciona”.

La Institución “pone límites”.

En la familia biológica el niño es “violentado”.

En la Institución el niño es “violento”.