La Inclusión

la inclusión

Tengo la clase de boxeo llena, casi todo de críos, y estoy yo solo como monitor. Algunos están fumados, otros están alterados, hay varios nuevos…

Pero de todos los factores que me impiden dar una clase de boxeo en condiciones tres son básicos y decisivos;

  • Uno de los chicos da muchísima guerra, me revoluciona la clase.
  • Tres de los veteranos jovencitos que no entrenan hoy se han sentado en la entrada y están de cachondeo y me están alterando la clase
  • Soy un monitor para un montón de críos.

Tomo dos decisiones:

  1. Al chaval que más guerra da le pongo de modelo; al explicar el ejercicio de boxeo (golpes y esquivas) necesito un ayudante y siempre saco un “modelo”; el que más sabe. El chaval, al ver que le saco a él se queda sorprendidísimo, porque le estoy diciendo; “eres tan bueno que te saco como ejemplo”. La clase entera se queda en silencio, sorprendida por mi decisión. Y el chaval pasa de estar liándola a ponerse completamente serio y responsable.
  2. Los tres veteranos jóvenes que me la están liando, les pido por favor que tengo la clase llena, que ellos saben mucho y que por favor me ayuden, que sean monitores conmigo. Inmediatamente el cachondeo termina, y se ponen completamente serios ¡¡son ya monitores de boxeo!! Y comienzan a ayudarme. Así mato dos pájaros de un tiro; por un lado los que la liaban ya no la lían y por otro pasamos de ser un monitor a de repente cuatro.

Así, en un momento neutralizo los focos de inestabilidad de la clase. Pero haciendo exactamente lo contrario a la “Expulsión”;

  • La “Inclusión”.
Anuncios

La foto

la foto

(Foto de Antonio Ruiz)

Con la intención de denunciar públicamente la situación de miseria en la que viven los niños de la calle, el fotoperiodista Antonio Ruiz saca su cámara y hace una foto a uno de los chiquillos en frente del centro de menores.

El educador del centro lo ve y se acerca al periodista con el grito en el cielo; “¡¡Es un menor!! No se le puede fotografiar”.

El niño puede estar durmiendo en la calle, no pasa nada, nadie se preocupa.

El niño puede estar inhalando pegamento en frente del centro de menores, no pasa nada.

Al niño le pueden haber dislocado el hombro los de seguridad, no pasa nada, nadie le lleva al hospital.

El niño puede estar indocumentado, no pasa nada, nadie le tramita los papeles.

El niño puede estar sin escolarizar, no pasa nada, nadie le matricula en ningún cole.

El niño puede desaparecer un buen día, no pasa nada, nadie le buscará. Y a los 6 meses el Estado le dará de baja en su tutela, como si nunca hubiese existido.

Y de repente le haces una foto y “¡¡es un menor hay que protegerle!! ¡¡Eso es ilegal!! ¡¡Este niño está bajo la tutela del Estado!! ¡¡Es una vulneración de sus derechos!!”.

¿Por qué tanto nerviosismo por una foto? Tal vez porque se pueda hacer público lo que el maltratador quiere que siga siendo privado, íntimo, secreto.

 

La Isla

la isla

Al acabar la clase de boxeo, veo que Lidia ha venido a vernos. Se acerca a hablar conmigo. Yo la veo más delgada y me sorprende.

– ¡Pero qué delgada estás!
– Si, ya… tenemos que hablar

Ya me había llamado antes por teléfono y me lo había dicho;
– Julio, quiero hablar contigo, ya no puedo seguir en boxeo.

Me da pena, porque es la mejor boxeadora que tenemos. Salimos los dos afuera, a la entrada de la asociación. Y me cuenta;
– Me han cogido en una agencia de modelos. Y me han dicho que no puedo seguir boxeando, porque no puedo tener musculo, dicen que mis hombros son demasiado grandes por la musculatura, y tengo que ser más fina.

Mi sorpresa y desconcierto es enorme. La chica continúa diciéndome;
– Me han dicho que no importa si yo me gusto a mí misma, lo que tengo que gustar es a los demás. Que para eso estoy.

Me quedo completamente perplejo y horrorizado de que un adulto le haya dicho esto a una niña de 15 años ¡¡en plena adolescencia!! Sabiendo el problema que hay en la infancia con la anorexia y la bulimia. Y ella continua;
– Me van a poner una dieta, tengo que adelgazar más. Son muy serios

“¡¡¡Noooo!!!” pienso yo, “son completamente irresponsables, solo un loco diría semejante barbaridad a una niña de 15 años, en pleno desarrollo, en pleno crecimiento tanto físico como emocional”.

Después de una larga conversación, donde intento trabajar con ella el clásico de “qué es importante, y qué no lo es en la vida” y de explicarle lo que es y el peligro que conlleva la anorexia y la bulimia, solo me queda decirla como diría a cualquier chavalín que se meten en las pandillas, las bandas, el trapicheo, o en entornos turbios y oscuros;
– Ten cuidado donde te metes, piénsatelo bien… aquí siempre tendrás las puertas abiertas.

Para la agencia Lidia no es una persona, una niña, una adolescente… es una cosa, un producto… “no importa si te gustas a ti misma, tú estás para gustar a los demás”, todavía no soy capaz de entender cómo un adulto puede decir esto a una niña de 15 años.

El mundo de los adultos me da miedo, terror, es un lugar nocivo, hostil, enfermo…
Cuando estamos en clases de boxeo en la asociación me acurdo siempre de aquello que nos decía nuestro monitor “El Zurdo”; “esto es una isla”;
Una isla, un respiro, un paréntesis, un refugio… para que los chavales y chavalas puedan desconectar y descontaminarse por un momento del mundo enfermo de los adultos.

Los niños-planta

cambiar de tiesto

Toda la comunidad educativa (incapaz de solucionar el problema) coincide que si existe bulling a quien se saca del centro es al agresor y no al agredido.
Todo el mundo entiende que si una mujer sufre violencia de genero quien se debe ir del domicilio y alejarse (orden de alejamiento) es el agresor y no la víctima.
Entonces… ¿Por qué cuando hablamos de niños en riesgo y familia la cosa cambia radicalmente?
Es el niño a quien se saca urgentemente de su entorno; familia cercana, familia extensa, cambio de cole, instituto, barrio, amigos, vecinos…
Sin contemplar otras alternativas, en esta idea de que el niño es como una planta que se cambia de tiesto y ya está, y no pasa nada.
Sin embargo el niño cuando sufre este cambio sin su consentimiento y por la fuerza, por personas extrañas que se presentan de repente en su vida, suele vivirlo como un secuestro, como una agresión, un abuso… Y que tiene unas consecuencias psicológicas.
¿Por qué dichas consecuencias nadie las contempla como maltrato?

La bipolaridad de la Institución

bipolariad

Cuando digo “los niños están en la calle”, la respuesta de la Institución y los educadores de los centros es; “no les podemos atar”.

Cuando digo; “los niños están siendo sometidos a aislamiento, atados a las camas o medicados a la fuerza”, su respuesta es; “hay que ponerles límites”.

La Institución es una organización social con un trastorno de bipolaridad; o todo o nada, o un extremo o el otro.
La Institución es un “padre” o un tutor completamente desequilibrado, y por lo tanto muy peligroso cuando se le deja a su cargo algo tan frágil como la infancia.

El Sistema de “Protección”

21314676_10212487099667048_1425774603946929885_n

Hay un niño de 11 años que lleva durmiendo en la calle cuatro meses. Le veo por el barrio medio descalzo con sus chancletas, sucio, con hambre, me pide comida…

Lo más gracioso o dramático es que tiene un piso de acogida asignado.
Nadie de este piso viene a verle, a llevárselo, nadie se preocupa por él aun estando tutelado por la Comunidad de Madrid.

La policía se niega a llevárselo, porque como dicen ellos “nosotros no somos taxistas” (palabras textuales). Hay conversaciones en audio grabadas con afirmaciones como estas.

Así se crea una paradoja dramática y absurda en el Sistema de “Protección” de menores español:

Por un lado;
Los niños y niñas que tienen familias y que suelen ser pequeños y sumisos y controlables son retirados de sus familias biológicas en nombre de su protección. Lo que es una retirada de tutela. Y si hace falta como un desahucio con patada en la puerta y 10 policías.

Y por otro;
Los niños que realmente están desprotegidos, en la calle, deteriorados, sin familia, hechos polvo, enganchados al disolvente… se les deja en la calle.

Los que realmente necesitan el Sistema de “Protección” se quedan en la calle.
Porque el Sistema de “Protección”, los centros de menores y la Institución en general, quiere a los niños buenos, sumisos, que no les causen problemas, sin complicarse…siguiendo esta lógica;

Los tutelo a todos, los buenos al centro y los malos a la calle.

Y por todos y cada uno de ellos sigo cobrando. El negocio es redondo

 

 

¿Qué son los derechos sociales?

derechos sociales

Como una madre o padre tienen que trabajar 14 horas al día por una miseria para pagar el alquiler de una casa sobrevalorada en el mercado, el niño se queda solo, sin referentes adultos, en la calle…

Y como el niño está en la calle se propone crear la figura del “educador de calle”, y a esto se le llama “derechos sociales”.

NO. No nos confundamos. No nos desviemos. No nos distraigamos;

Los derecho sociales son; que la madre o padre tengan una jornada laboral de 6 horas al día, un sueldo digno, derecho a una vivienda digna (artículo 47 de la Constitución), sin amenazas de desahucios, un nivel de vida digno (artículo 25 de la declaración universal de derechos humanos)…

Con un buen tejido familiar, social, vecinal, con derechos humanos, sociales, laborales que se respetan… los profesionales sobran.

Estamos entrando en un juego muy peligroso, donde los derechos y los intereses de una casta profesional están primando y viviendo gracias a la falta de derechos de otro estrato social.

Además de estar llegando al absurdo; donde la ausencia de los padres o madres se pretende sustituir por la presencia del profesional, la Institución o la ONG.

El Sistema crea el problema y luego te vende la solución.
Y al Sistema no le tenemos que pedir que solucione el problema, sino que deje de generarlo. Una especie de;
“No me ayudes, con que no me jodas es suficiente”.