Respuesta a un “Colectivo Profesional de la Educación Social”

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Respuesta a un “Colectivo Profesional de la Educación Social” sobre su proyecto fotográfico-artístico y su invitación a participar en una mesa redonda;

Hola!!

He estado leyendo el proyecto y viendo el video, y reflexionándolo con más gente. Me he metido en vuestra página y le he echado un vistazo.

Respeto el proyecto y me parece legítimo. Pero como te decía creo que obedece a las necesidades de los educadores y los artistas, no a las necesidades de la chavalada o de la gente.

Al leer el proyecto me cuesta desenvolverme en el lenguaje que se usa; “usuarios”, “centralidad del individuo”, “fagocite la disparidad”, “las sustantividades incontestables”, “la simbología con nuestra psique”, “enganzar la visibilidad”…

Estudié Educación Social para poder entender este idioma, pero aún así me cuesta. No llego a ser bilingüe (lenguaje de calle y lenguaje técnico).

Hay una frase que se dice en el proyecto escrito que me ha causado mucho impacto; “me parece interesante que a los usuarios se les vea como personas…”

¿Es que en algún momento habéis dejado de verles como personas? ¿Hace falta un proyecto fotográfico-artístico-psicológico para darnos cuenta que estamos hablando de personas?

Creo que si queremos verles como personas lo primero que debemos hacer es dejar de llamarles “usuarios” antes que comenzar a fotografiarles para buscar su humanidad.

Al final, como ves, todo es más sencillo de lo que parece.

Viendo vuestra página veo que tenéis sensibilidad y hacéis un esfuerzo por dar una alternativa a la educación social institucional. Por eso es importante que veáis en la grave situación en la que se encuentra la educación social, o el mundo de la intervención;

  • Tres chavales muertos en los últimos cuatro meses en extrañas circunstancias, dos en centros de menores del Sistema de Protección y otro en un centro de reforma de menores. Y los colectivos profesionales en silencio.
  • Madres y familias biológicas manifestándose por toda España denunciando los abusos y las arbitrariedades de las retiradas de tutela, que para mí son secuestro de niños. Y pidiendo que se les devuelva a sus hijos. Y los colectivos profesionales en silencio.
  • Adolescentes y críos que se les deja en la calle porque la fiscalía les da más valor a las pruebas de la muñeca que a su documentación (que está hasta compulsada por sus embajadas). Para el Sistema de Protección son mayores; pero para el resto del mundo e Instituciones menores. Se les deja en un limbo legal. Y los colectivos profesionales en silencio.
  • Niño viviendo en la calle y esnifando pegamento y que no quieren volver a sus centros porque les maltratan (me los he llevado hasta 9 veces a urgencias por lesiones). Y el tutor (la comunidad autónoma) ni les busca ni quiere saber nada de ellos. Y los colectivos profesionales en silencio.
  • Niños españoles que se fugan a Francia por el acoso del sistema de protección que no les deja estar con sus familias biológicas y les obligan a estar en centros donde no quieren estar. Estamos exportando niños de la calle a Francia. Y los colectivos profesionales en silencio.
  • Se acumulan las denuncias a los centros de menores por torturas, aislamiento, vejaciones…  Todas se archivan. Estamos ante un sistema hermético en nombre de la “protección del menor”. Y los colectivos profesionales en silencio.
  • Mafias de trata de menores rondando los centros de menores para aprovechar el descontento y la necesidad de escapar de estas niñas para así captarlas en sus redes. Y los colectivos profesionales en silencio.
  • El sindicato de enfermería Satse ha denunciado las condiciones de salud en el centro de menores de Hortaleza (mi barrio); chinches, piojos, sarna… en los niños. Y los colectivos profesionales en silencio.
  • El centro de la Purísima como el de Hortaleza con niños durmiendo en el suelo y los pasillos. Y los colectivos profesionales en silencio.

La lista es inacabable, y el silencio sospechoso.

Este 12 de abril han disparado con arma de fuego a los Servicios Sociales de Vallecas. ¿Los “usuarios” son malos y desagradecidos con sus salvadores? O ¿Los “usuarios” están hasta los cojones de la educación social, los técnicos, los profesionales, su prepotencia… y todo este entramado que se ha montado?

La crisis de la “educación social” es insalvable.

A los educadores se les llama “torturadores” y a los Servicios Sociales las “SS”.

El proyecto fotográfico refleja cómo se ven los educadores a sí mismos. Pero no refleja cómo nos ven en la calle.

Esto provoca que sigamos en nuestra burbuja de “un mundo feliz”.

Agradezco tu invitación a la mesa redonda. Pero creo que es un proyecto personal y artístico que es legítimo, pero que nada tiene que ver en la realidad en que yo me muevo, y por lo tanto no sería capaz de aportar mucho.

Abrazos. Muchas gracias por el interés.

Julio.

 

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¿Dentro o fuera de la Institución?

dentro o fuera

Durante tres meses fui el profe de una UFIL (Unidad de Formación de Inserción Laboral) en una asociación (muy institucionalizada). Como alumnos tenía a un montón de chavalas y chavales de entre 16 y 18 años, expulsados de muchos institutos, con mucha calle, muchos conflictos a sus espaldas… algunos con medidas judiciales.

Me encantaba, me apasionaba ese trabajo, y como me encantaba me curraba las clases muchísimo; hacía juegos, les ponía música, me inventaba actividades… captar su atención era un acto continuo de creatividad e imaginación, y yo disfrutaba en ese proceso. Me lo tomaba como un reto.

Ellos y ellas estaban encantados (creo jaja), aprendían, se lo pasaban bien. Pero mis métodos no gustaban o no eran compartidos por el resto del equipo de educadores y profesores.

Mi flexibilidad, para mi entendida como apertura a nuevas vías de aprendizaje (las clásicas ya habían fracasado), para ellos era interpretada como debilidad, falta de límites, falta de seriedad.

Comenzó a haber mucha tensión entre mis compañeros y yo. Según pasaban los días empezaba a sentir un agobio tremendo; las reuniones, las evaluaciones, los comentarios, los protocolos… no lo soportaba.

Y dentro de mi comenzó un conflicto interno; “aguantar por los chavales o irme”.

A los tres meses psicológicamente no podía más, aquella situación me estaba matando. Y tuve que irme. La Institución me aplastaba, me destruía emocionalmente, me ahogaba.

Pero no me fui porque no estuviese haciendo cosas chulas con la chavalada o porque mi trabajo no estuviese apoyando a los chavales. Sino que me fui por mí, porque no soportaba la relación con la Institución.

Al irme no me dejaron ni despedirme de los y las chicas (no había que fomentar ningún tipo de vínculo con ell@s).

Así que generé un sentimiento horrible de culpa; “les he abandonado, les he engañado, les he fallado, no puedo ni comprometerme un curso académico”. Y culpa también por mi situación privilegiada de poder elegir; “Dentro o fuera de la Institución”, porque sabía que ellos y ellas no tenían ese privilegio, les tocaba dentro y punto.

Para mí, esos tres meses que estuve dentro de la Institución, mi debate no era como el clásico debate que se da en todas las charlas, jornadas…  de; “Dentro o Fuera de la Institución” sino el de “cuánto aguantaré dentro”.

Porque en todo momento tenía claro que dentro estaba haciendo una labor beneficiosa para la chavalada. E incluso desde “dentro” les sacaba “afuera” y les ponía un abogado para sus procesos, les acompañaba, conocía a sus familias… (“rompía” los muros del aula) todo a escondidas de la Institución, que me prohibía verles fuera de los horarios de clase (no hay que generar vínculos). La relación educativa se convierte en clandestina, y el educador se inicia en el arte de hacer trampas y engañar a la Institución.

Creo que el debate eterno y crónico de “dentro o fuera de la Institución”  no responde a la pregunta que siempre hace Enrique Martínez Reguera; “¿Qué es lo que el chaval/chavala necesita de mi?”

Por lo que para mí el debate no es “dentro o fuera” sino “qué les aporto desde dentro y qué les aporto desde fuera”.

No es dónde estás, sino lo que haces o puedes hacer desde donde estás.

¿Déficit de Atención?

deficit de atencion

Cuando veía una película con mi padre (con TDAH; Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad), me daba cuenta que él no atendía al argumento, se aburría enormemente en relación a la trama. Sin embargo, se fijaba en detalles que a mí y a cualquier otra persona se nos pasarían completamente inadvertidos; se daba cuenta si el sonido tenía muchos bajos o muchos agudos, si había errores en el vestuario de los actores, si sus peinados cambiaban o no de una escena a otra, si la imagen era nítida o tenía errores de enfoque. Analizaba todo lo relacionado con lo técnico; sonido, imagen, ángulos, vestuario…

¿Quién tenía déficit de atención? ¿Déficit de atención respecto a qué?

Una amiga mía, diagnosticada también con TDAH, me contaba que cuando era pequeña, en casa de una amiga, se aburría tanto que fijaba la atención donde nadie lo hacía. El padre tenía maletines con combinaciones de seguridad, la niña, movida por la curiosidad, comenzó a fijarse en las combinaciones y a memorizarlas. Un día el padre, desesperado porque había perdido la clave, se quedó asombrado cuando la niña cogió el maletín, metió el código y lo abrió.

¿Quién tenía déficit de atención? ¿Déficit de atención respecto a qué?

Una profesora, me comentaba que su alumno, diagnosticado con TDAH, no prestaba atención en clase, se aburría enormemente, pero que sin embargo se ponía a dibujar y hacía unos dibujos increíbles para su edad, se quedaba completamente concentrado dibujando. Y por ello no entendía lo de “déficit de atención”, si el niño era capaz de quedarse horas dibujando y poniendo atención a los detalles más mínimos del dibujo.

Hoy el niño, ya adulto, es un tatuador famoso de prestigio.

¿Quién tenía déficit de atención? ¿Déficit de atención respecto a qué?

Y es que en realidad el “Déficit de atención” no existe. Todo el mundo fija la atención en algo.

Lo que existe es el “Déficit de atención respecto a lo que YO te quiero enseñar a ti y respecto a cómo te lo enseño”, es decir, respecto al Método y al Objeto.

Por lo que no se trata de un problema de aprendizaje, sino de enseñanza.

La patada en la máquina

maquina bebidas

  • Cuando a la mente se le presenta una nueva situación, un nuevo problema, su respuesta refleja no es dar una solución racional al nuevo problema, no busca resolverlo, sino que el acto reflejo es inhibir el estrés que genera la nueva situación, neutralizarlo.

Así me lo explicaba un psicólogo especializado en neurociencia. Y me ponía un ejemplo;

  • Metes unas monedas en la máquina de bebidas, y se las tragas ¿Cuál es la primera reacción más intuitiva? Darle una patada a la máquina, no piensas en solucionar el problema sino en neutralizar el estrés que te genera esa situación. La patada te desestresa (a priori).

Y llegaba a una conclusión social;

  • Cuando suceden casos como el de Gabriel, Sandra Palo, Marta del Castillo… asesinatos, brutalidades (mediatizadas), la respuesta social es el intento de inhibir ese estrés (angustia, frustración, impotencia…) que genera dicha situación brutal, no solucionar el problema.

La población demanda pena de muerte, cadena perpetua, más y peores cárceles, castigo, venganza… pero no se preguntan si esto funciona o no, si es lógico o no, si hay una relación entre cárcel-violencia-seguridad o no, si disminuirán los asesinatos, la delincuencia, la violencia… o no. Porque el objetivo de esta reacción no es solucionar ningún problema (reducir el índice de asesinatos por ejemplo), sino inhibir el estrés (angustia, frustración, impotencia…) que nos genera el problema.

Es la patada en la máquina.

La prisionización

prisionización

Llego a locutorios. Me siento y espero. Al llegar el chaval, de 20 años, se queda de pie, me mira triste, avergonzado. Pongo la mano en el cristal, el pone la suya. Se sienta;

  • Julio, siento… siento no haberme presentado a lo del boxeo. Y encima otra vez aquí, después de que me sacasteis… lo siento mucho, siempre te defraudo.
  • No te preocupes hombre, no pasa nada.

Me cuenta la condena que le ha caído. Pero a diferencia de otras veces siento un escalofrío enorme.

Esta vez ya no me pregunta ni me pide una abogada para que le saque.

Hace unos meses le vi en la calle, estaba perdido, descontrolado, una especie de “no se adonde ir”, “no sé qué hacer con mi vida”, “no aguanto en ningún trabajo”, “mi familia me machaca”, “aquí afuera no valgo para nada”… y ahora en la cárcel, de vuelta, le veo más seguro, como que ya ha acabado la incertidumbre de la libertad, de tomar decisiones, de elegir… y llega la seguridad de la Institución.

De centro de protección de menores, a centro de reforma, de centro de reforma a la cárcel… como si el recorrido estuviese diseñado de antemano. Toda una vida de Institución, de carceleros, de reglamentos de régimen interno, de rutinas repetitivas… Niños que han crecido y se han criado en cárceles.

“¡Pero si solo tiene 20 años!” pienso, y ya la libertad le da vértigo.

¿Qué demonios han hecho con estos críos?

 

Sadismo

Sadismo

Sadismo: “crueldad que produce placer a la persona que la inflige”.

Cuando pensamos en términos:

“Quién cometa una agresión o un agravio debe pagar con su sufrimiento para compensar a la víctima o a la sociedad”.

Literalmente estamos siendo sádicos: obtengo satisfacción del sufrimiento ajeno.

Y es aquí donde se produce una paradoja psicológica:

El sádico, psicológicamente es más propenso a cometer una agresión, un asesinato, una barbaridad.

Por lo que;

Las personas más propensas a cometer agresiones, son las que (paradójicamente) piden penas más crueles para esas agresiones.

Una especie de:

“Dime a quien odias y te diré a quien te pareces”.

 

La cárcel como mito

cadena perpetua

Tuve un chaval de 21 años preso por asesinato (en preventiva), le pedían 25 años, supongo que ahora le pedirían perpetua.

Había matado supuestamente a un jefe de una pequeña mafia de cuyo nombre no quiero acordarme, un ajuste de cuentas. Este jefe muerto tenía tentáculos en todas partes de Madrid, y la cárcel no era menos. Sus colaboradores querían venganza.

La madre venía llorando y me decía;

  • Le han pegado una paliza, le van a matar, le va a matar. Se lo he dicho a los funcionarios y se reían de mí, les he dicho que por Dios aíslen a mi hijo, lo van a matar. Esos funcionarios quieren que lo maten ¡¡me lo han dicho riéndose!! le van a dejar con los demás presos para que lo maten. Se ríen de mí.

Al final, la insistencia de la madre y los follones que montó en dirección, consiguieron que le metiesen en un modulo donde están los protegidos, los chivatos, etc.

El chaval, no aguantaba la situación. Era muy activo, y 12 horas en una celda (de 8 de la tarde a 8 de la mañana) le mataban. Con esto y la “paranoilla” de que le iban a matar comenzó una ansiedad enorme, angustia, pánico… comenzaron a medicarle. La madre salía llorando de verle;

  • Se le cae la baba Julio, lo tienen drogado, no puede ni hablar ¿Qué están haciendo con mi hijo? – y lloraba y lloraba como si la condena fuese también para la madre.

Pero la condena no era solo para la madre, también para su hija de 4 años, que de la noche a la mañana había pasado a ser huérfana de un padre vivo. Y la madre (abuela de la niña) me decía;

  • No sé qué decir a la niña, solo pregunta por su padre y no sé qué decirla. La digo que se ha ido de viaje, y que volverá pronto, pero… ¿Cuándo se dé cuenta que no vuelve?

Las cosas en casa se empezaron a complicar, el dinero que llevaba el chaval para comer ya no entraba, y la niña “huérfana” se quedaba en una situación tremenda.

Y una situación tremenda allana el camino para que los hijos e hijas de presos sigan los pasos de sus padres y acaben en la cárcel. Como si la cárcel fuese hereditaria. De pobre a pobre, de padre a hijo, de a madre a hija.

Pensando en una cadena perpetua, me imaginaba; entrar a la cárcel con 21 años y no salir nunca más. Porque la revisión se daría en negativo, el chaval desde que había entrado en la cárcel había ido psicológicamente a peor, a muchísimo peor; crisis, violencia, angustia, adicción a los medicamentos… Creo que si hubiese seguido allí dentro se hubiese suicidado o hubiese matado a alguien.

A los dos años fue declarado inocente y salió. Pero ya no era el mismo, el destrozo psicológico era considerable.

Después de bastante tiempo de lo que pasó, me pregunto ¿Qué mejoró la cárcel en la vida de la supuesta víctima? ¿Qué mejoró en el comportamiento del supuesto agresor? ¿En qué mejoró la sociedad? Y no puedo más que responder; menos que en nada, pues todo fue a peor.

La cárcel es un mito, un pensamiento mágico, un efecto placebo, una venda en los ojos, un acto de irresponsabilidad, porque no resuelve los problemas, no los trata, solo los oculta y reprime. Y si tienes un problema y no te tratas, y te lo niegas, te lo ocultas y te reprimes, el problema (lógicamente) empeorará.